"Manojo de ala, paloma parda, que ahuecas tu cuerpo de
tal modo que hay resurrección cuando te unes al silencio, déjame que te confíe
el conjuro. ¡Vuela! ¡Sálvalo!, que se convierta en milagro y en ese tiempo de
amar, que es tanto, que algunos llamarían siempre".
Yo no sé del sol. Yo sé la melodía del ángel y el sermón caliente del último viento. Sé gritar hasta el alba cuando la muerte se posa desnuda en mi sombra. (Alejandra Pizarnik)